-Así es, so... so... soy Meffi, encantada- dije mientras asentía lentamente con la cabeza.
Una mano de color blancuzco, se acercó a mi cara.
-Soy Scoot Flindlers, tú debes ser la vecina de la casa de enfrente, ¿no es así?
-Sí, esa soy yo.
Mientras yo hablaba, él se sentaba en una butaca de color gris que había a mi derecha.
-¿Quieres algo de beber?
-No, gracias.
-Bueno, ¿y a qué se debe esta visita?
-Curiosidad.
-¿Curiosidad? Curiosidad de qué.
-Curiosidad simplemente, no hay un motivo.
Observé como Scoot se iba poniendo cada vez más nervioso, sus ojos mostraban inseguridad y su frente chorreaba gotas de sufrimiento.
-¿Te pasa algo?-pregunté intrigada, intentando sacarle algo de información.
-No, ¿qué iba a pasar? Tengo calor, simplemente eso, tengo calor; no te creas que esta gabardina es de seda, es de piel y da mucha angustia.
-Puedes quitártela.
-Sí, va a ser lo mejor.
Scoot se desabrochó la gabardina, la colocó en un perchero de madera oscura y se quedó vestido con una camisa de color claro y unos pantalones de color gris. Se dejaba ver unas líneas negras en el pecho, como una especie de tatuaje.
-¿Es un tatuaje?-le pregunté sin ningún tipo de pudor.
-No tengo ningún tatuaje, márchate de aquí ahora mismo. Tengo cosas de hacer.
-Vale, siento si te ha molestado.
Scoot me acompañó hasta la puerta, y me la cerró en mis narices. Asombrada por su reacción, caminé con la mirada baja hasta la puerta de mi casa. Pero, justo cuando esta enfrente de ella, pensé: "¿Qué cosas tendría que hacer?" Me dirigí a su ventana y observé como una lámpara de araña y un teléfono viejo, habían aparecido de la nada. Cuando yo había estado dentro en la misma sala, no estaban ahí; estaba totalmente segura. ¿Qué estaba pasando?
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