martes, 15 de abril de 2014

Recuerdos en el último aliento. (Capítulo 6)

Capítulo 6


El reloj marcaba las cinco y media de la madrugada. Maialen, se mecía lentamente. Se colocaba el albornoz, y tragaba saliva. Observaba fríamente la chimenea, recordaba como por las noches sus hijos se rodeaban en torno a la chimenea de su casa para asar nubes. Unax siempre los traía palos para asarlas, se pasaba mucho tiempo buscándolos por el monte en busca de algunos que estuvieran en unas condiciones higiénicas, o por lo menos, sin hongos por la humedad. Maialen mientras tanto, cocinaba algo que sabía por experiencia que ninguno se acabaría, por eso no se molestaba en cocinar mucho; simplemente hacía una tortilla, una sopa, alguna vez Marmitako o hacía algún filete.
Maialen también observaba con atención el suelo de la cabaña. Un suelo de madera, viejo, desgastado, magullado y no muy limpio. Parecía que estaba mirando el suelo del porche de su casa; era muy parecido, cuando nevaba en invierno se ponía a crujir todas las noches; y cuando llegaba el verano, chirriaba las veinticuatro horas del día. Por las noches, a Maialen la gustaba salir a aquel porche descalza, a respirar aire puro y a oler las flores del naranjo que tanto la gustaban. Su marido, odiaba que ella saliera por las noches, pues Maialen se tiraba después, más de una semana resfriada. Pero para ella, esa escapada era bastante, la daba igual la consecuencia.
Pero lo que más observaba era una vela que había al lado de su cama. Sus hijos siempre apagaban las velas que ella ponía cuando eran pequeños. Les daba por soplar y soplar al estilo lobo feroz, y enseguida toda la casa se quedaba sin velas encendidas. Eso enfadaba mucho a Unax que siempre repetía la misma frase para Maialen: “¡No las enciendas más! Pero Maialen nunca le hacía caso, y siempre las volvía a prender, con el mismo fin que antes, acabar apagadas por soplidos infantiles. Maialen parecía oír aún el soplo de los niños, sentía que su pelo se movía al ritmo de ese airecillo.
Maialen miraba el bajo de la manta, estaba manchado de barro y agua. Sus hijos siempre venían llenos de barro a la hora de comer, ellos se tiraban todo el día jugando por los bosques y las praderas, metiéndose en charcos de barro y agua toda la jornada. Maialen les vestía con pantalones pesqueros con tirantes, una camisa y unos zapatos acompañados de unos calcetines altos. Sim embargo, para la niña prefería una faldita estampada con una camisa en la parte de arriba y unos zapatitos a conjunto con una chaquetita. Siempre iban muy con juntaditos, pero después de tanto juego, toda la vestimenta se estropeaba y Maialen tardaba horas en conseguir sacar las manchas de las camisas blancas y de los zapatos. Unax la repetía, que si los niños se manchaban, tendrían que aprender a limpiar su ropa ellos mismos. Pero Maialen no iba a dejar que sus niños con menos de 9 años de edad, limpiaran su propia ropa. A veces, Unax era muy estricto; pero otras veces, era ella la permisiva, que les dejaba hacer de todo. Unax de vez en cuando los castigaba por hacerla trabajar tanto y no les dejaba jugar en varios días. Maialen le decía que no les castigara tanto, que los dejara jugar que eran jóvenes y que tenían que disfrutar de la vida. Unax se resignaba y cogía el periódico para revisar la última hora.
Maialen observaba las ventanas medio tapiadas con nieve. Sentía frío. Pero aquella escena la recordaba a sus mañanas de frío en su pueblo junto a sus hijos, esperando a que Unax trajera unos dulces mañaneros, que sentaban tan bien con un caso se leche fresca. Los hijos de Maialen preparaban unas galletitas con la ayuda de ella, para darle un sorpresa a su padre. Y todos juntos comían alrededor de la chimenea.

sábado, 12 de abril de 2014

Recuerdos en el último aliento. (Capítulo5)

Capítulo 5


El reloj marcaba las cinco de la madrugada. Maialen resoplaba con el único aire que quedaba en sus pulmones. Su pierna parecía quebrarse muy lentamente. Y su cerebro empezaba a dormirse muy lentamente. Pero Maialen no se rendía fácilmente, y ella misma recordaba momentos para que su cerebro no muriera antes de lo previsto. Agarraba con fuerza el reposabrazos, como si fuera su propia vida; y con la otra mano se rascaba la oreja y se colocada la manta. Sus ojos se movían rápidamente, parecía buscar algo, de repente su mirada se clavó en una noticia de periódico que había encima de la chimenea. La observó durante un rato, sin apartar la vista de ese pedazo de papel desgastado. Sus párpados se movían una y otra vez, para humedecer sus ojos marcados por marcas de la vejez. Sus pupilas se marcaban de palabras, palabras que la hacían remover su juventud. Palabras como: guateque. Recordaba cuando iba a esos guateques que formaban sus vecinos en la plaza del pueblo. Bailaban hasta las doce, y luego se iban a cenar todos juntos al mejor restaurante de toda la ciudad. Aquella noticia la llevaba hasta sus años de juventud, donde todo la importaba poco, donde jamás iba a volver. Esa noticia narraba prácticamente esa época de su vida, por eso precisamente la guardaba; era la única noticia, el único recuerdo, de aquella época después de que aquella inundación machacara viejos recuerdos. Otros, guardados en el entresuelo por falta de espacio quedaron intactos, pero otros agonizaron lentamente hasta convertirse en cenizas de papel entre las olas.
La noticia contaba la historia de un pueblo unido por las fiestas del mismo. Contaba cómo se iban a vivir las fiestas del pueblo en 1958; qué actividades habría y cómo se parecían a las del año anterior. Para Maialen era muy importante ese recorte de periódico, lo cuidaba bastante; pero con tanta mudanza se había desgastado, y cada vez estaba más roto. En la foto que acompañaba la noticia, se mostraba una Maialen joven, espléndida, sin una arruga, y muy bien vestida. Esa foto era otro de los motivos por el cual ese recorte de papel permanecía aún en manos de Maialen. Salía junto a su entonces novio, Gaskon, un chico simpático y extrovertido. La foto tenía en primer plano a la pareja, sonriente, y muy simpáticos con la cámara, uno junto a otro; y de fondo una caseta de las ferias del pueblo muy decorada. A su madre no la gustó nada aquella foto, ella no sabía que Maialen tenía novio, y se enfadó bastante. Pero ahí estaba Rocío para animarla como siempre; la reconfortó y la dijo que no se preocupara que siguiera con Gaskon. En el fondo de la foto también se veía a Ayala, una de las amigas de Maialen, salía también con su novio Kayet, pero mucho más acaramelados que Maialen y Gaskon, salían dándose un beso, pero no se los veía mucho; para suerte de Ayala, pues su madre tampoco sabía lo de Kayet y probablemente hubiera reaccionado igual o peor que la madre de Maialen.
Además la encantaba el pie de foto: “Una pareja feliz nos muestra que no hay edad para vivir una buena fiesta.” La venía bien leer esa frase de vez en cuando para recordarse a sí misma, que incluso a su edad se podía vivir un buen guateque.
Meses después de aquella foto, ambas amigas lo dejaron con sus respectivos novios, y se fueron a vivir unos meses a Barcelona para acabar allí los estudios y olvidar un poco el pasado. Allí, conocieron a dos chicos jóvenes, más o menos de su edad; Hurko se convirtió en el novio de Maialen y Nikola en el de Ayala. Tras 5 meses en Barcelona, Maialen y Ayala se mudaron de nuevo a su pueblo vasco para trabajar allí y labrarse su futuro. Con esta nueva mudanza también acabaron las relaciones amorosas. Lo último que Maialen sabía de Hurko era que se había mudado a los 30 años de edad a Castellón para trabajar en una empresa de coches. Y de Nikola, ni Ayala ni ella habían vuelto a tener noticia desde aquel momento.

Al mover la pierna.

Al mover la pierna,
doy un paso.
Al mover la pierna,
otro escalón traspaso.
Al mover la pierna,
funciona mi bicicleta.
Al mover la pierna,
se me escapa la chancleta.
Al mover la pierna,
doy un paseo.
Al mover la pierna,
 más paisaje veo.

sábado, 5 de abril de 2014

Dando la vuelta al mundo.

Desde China a Japón,
pasando por Corea;
y de Brasil a Guatemala,
atravesando Ecuador,
doy la vuelta al mundo,
solo yo. 

Me desplazo hasta EEUU,
me muevo hasta donde ataca el monzón.
Atravieso Europa,
y viajo en avión,
 para visitar miles de países,
 y descubrir su color.