Al día siguiente, todos quedaron en casa de Lady Dollin.
-Lady Yarryd ya confía en todo el mundo, pobrecilla.-dice Lady Trismost.
-La verdad es que desde que dejo de ser jefa de bolsa, no es la misma. Antes no se la escapaba ni una.-dice Lord Minser.
-Tienes razón. Pero antes, era demasiado lista para Lord Yarryd.
-Lord Yarryd, era de todo menos tonto.-dice Lady Prinfil.
-Y tú, Lady Dollin, ¿qué opinas?
-Yo, nada. Sinceramente, si tengo que dar mi opinión sobre este tema... prefiero no pronunciarme.
-¡Pero qué tontería es esa!-dice Lady Trismost.
-¡Ya estamos! Siempre metiéndote conmigo. Y yo, tragándo.
-¿Tú? ¿Tragándo? ¡Serás falsa! Soy más buena que el pan, contigo.
-Dejando aparte vuestras discusiones, ¿podemos hablar de la investigación?
-Sí, por favor.
-Empecemos. Lady Yarryd...
"-Cariño, ya estoy en casa. ¿Cariño? He vuelto del balneario. ¿Estás ahí? ¡Aaaahhhh! ¿Pero qué te han hecho?"
-Que traumático...
-Y que horrendo.
-Debemos visitar los sitios comunes de Lord Yarryd. Seguro que por ahí, anda el asesino.
-Tienes razón, Lord Waster. Iré a vestirme y en un segundín, estoy dispuesta.-dice Lady Dollin mientras sube las escaleras que conducen a su vestidor.
Cuarenta y cinco minutos más tarde...
-¡Dichosos los ojos, Lady Dollin!
-Menos mal que era un segundín. Llega a ser un minutín y somos Lord Yarryd.
Lady Dollin baja por las escaleras vestida con un traje azul turquesa, una chaquetilla de piel, unos zapatos marrones y un bolso de piel.
-Veo venir, una conversación sobre gatos...-dice entre dientes Lord Minser.
-¡Bigotitos! ¿Qué te han hecho? Con lo bonito que tú eras, y te han convertido en un abrigo y un bolso, ¡espantoso!
-Lady Trismost, tranquilízate.-dice Lord Waster.
-¡Pero qué dices, loca!-dice Lady Dollin.
-Pues sí que da de sí el dichoso gato.-dice Lady Prinfil.
-Pobre bigotitos...
-¡Queréis dejar al gato en paz! Todo el día igual. Siempre con el maldito gato... si lo sé, le digo a tu jardinero que abriera la verja del jardín antes de dejárselo a Lady Dollin.
-Queremos investigar...
-Eso eso cambiémos de tema. ¿Por qué no vamos a la taberna del llano?
-Allí iban mucho Los Yarryd.
Todos van hacia la taberna del llano, un lugar al estilo discotequero, con una bola de espejo en el centro y un hombre fuerte y tatuado tras la barra.
-Perdone, ¿me puede decir si conocía a Los Yarryd?
-Encantada señora, por supuesto. Los conozco muchísimo; pero en esta región tan pequeña, raro es no conocerse.-dice el hombre tatuado.
-Tiene usted razón. Pero, ¿cómo eran ellos aquí?-dice Lady Trismost.
-Pues solían venir cuatro veces por semana más o menos. Siempre andaban discutiendo, pero ya se sabe al perro y el gato no los pongas en el mismo plato. Y ellos eran así, Lady Yarryd es una señorita y él... dejaba mucho que desear. Era más bien, desagradecido, llamémoslo así.
-Bigotitos...
-Si no le importa, no nombre a los gatos, porque hay ciertas pesonas irascibles y no queremos retomar el tema.
-Sin problemas, lo siento mucho.
-Entonces... qué quiere usted decir.
-Pues... que Lord Yarryd le era infiel a Lady Yarryd, se podía ver nitidamente en el ambiente. Siempre andaban discutiendo, y casi siempre por el mismo tema, la herencia de Lord Marrior.
-¿La herencia?
-Eso creo, decían que había mucho de por medio y que no se podían separar.
-¿Ella sabía lo de la infidelidad?
-No creo, hablaban de otro tema; pero ahí me pierdo. Aunque siempre hablaban de una joya. Una joya que debe de figurar en el testamento de Lord Yarryd.
-¿Qué sabe usted de ese testamento?-dice Lord Minser.
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