Capítulo 8
El reloj marcaba
las siete de la mañana. El Sol se iba vislumbrando por el marco de la ventana.
Maialen ya no sentía frío; o por lo menos, no tanto como hacía unas horas. Se
levantó y fue hasta el cobertizo a por una botellita de café, y una cucharadita
de miel. Apenada, recordaba a la Señora Garay. Su vecina de toda la vida en
Baracaldo. Una mujer que siempre había sido mayor; ni envejecía, ni
rejuvenecía, siempre parecía mantenerse en la misma edad. Rondaba los 52 años
de edad cuando Maialen tenía los diecinueve. Tenía el pelo canoso, llevaba gafas
negras y siempre vestía con trajes de chaqueta y lucía moño; tenía arrugas en
el rostro, y manchas marrones por todo el brazo derecho. Ella siempre la
cuidaba, cuando Maialen no tenía dinero, Ohiane Garay siempre estaba allí para
dejarla lo poco que la sobraba del sueldo del Señor Garay. Ohiane, tenía un
hijo, Andoni. Andoni era un chico alto, de unos 180 centímetros; fuerte, de
pelo oscuro largo, y vestía de manera informal, con camisetas y pantalones muy
básicos; lo acompañaba con gorras y zapatillas de suela fina. Andoni, lucía
varios tatuajes: una “G” en su antebrazo derecho, un tigre en el brazo
izquierdo, un payaso de colores extridentes en la espalda y tanto en el gemelo
derecho como en el izquierdo, lucía un león ondeando su melena al viento.
Maialen, estaba loquita por él, “le quería”. Todas las mañanas cuando Unax salía
de casa para comprar el pan; Maialen iba a casa de Andoni, y ponía cualquier
excusa para pasar un rato junto a él. Andoni, era más pequeño que ella, tenía
dieciséis años. Un poco joven para ella, pero a Maialen la encantaba. Una
noche, esperando a que llegara Unax del trabajo; Andoni, fue a buscarla para
invitarla a ir a dar una vuelta. En el fondo aquel chico también sentía algo
por su vecina. Los dos, fueron a dar un paseo durante toda la noche. Cuando
eran más o menos las doce de la noche, llegaron a casa. Habían bebido mucho, y
Maialen estaba muy nerviosa. Andoni, cogió la mano de Maialen y se fundieron en
un gran beso. Juntos entraron a casa de Los Garay y estuvieron en la habitación
de Andoni durante horas. Era tarde, y Maialen tenía que volver a casa si quería
que Unax no sospechara nada cuando volviera de madrugada. Después de aquello,
se estuvieron cruzando miradas días, meses, incluso años. Años de tensión, de
presión, sabiendo que estaban enamorados pero en el fondo Maialen quería a
Unax. Y Andoni, era joven, demasiado joven.
El día que
Maialen se casó con Unax, Andoni estaba invitado a la ceremonia por supuesto.
Pero justo antes de entrar a la iglesia; Andoni la apartó de toda la familia y
se la llevó a una callejuela de al lado. Ya habían pasado dos años, él tenía dieciocho
años recién cumplidos; era muy joven, pero estaba tan guapo con ese traje de
color negro acompañado de camisa azul cielo, que Maialen no se pudo resistir y
se besaron de nuevo, una y otra vez. Andoni la intentaba explicar que la
quería, que estaba loco por ella. Pero Maialen, no dio marcha atrás y se casó
con Unax. Andoni triste, nostálgico, melancólico y apenado se fue después de
aquello a estudiar a Navarra.
Cuando
pasaron cinco años, Andoni volvió a Baracaldo y vio a Maialen. Él ya era todo un
hombre, tenía 23 años y ella veintiséis. Cuando se volvieron a ver, Andoni
estaba mucho más guapo, se había dejado un poco de barba y eso le hacía más
interesante. Maialen tampoco se quedaba atrás, se había cambiado el look; se
había cortado el pelo, había comprado ropa nueva…
Andoni
enseguida se fijó en ella, era una mujer casada pero a él, le seguía volviendo
loco. Un día, Unax salió a trabajar muy temprano; y cuando Maialen estaba
dormida, tocaron a la puerta. Era Andoni, que venía dispuesto a llevársela de
paseo. Maialen dudó unos segundos, pero aceptó. Ella estaba incómoda, él sin
embargo se desenvolvía muy bien al hablar, mucho mejor que cuando se fue.
Maialen lo notaba, había cambiado, estaba más maduro, más hombre. Pasearon unos
cuarenta minutos; cuando llegaron a la calle que estaba justo al lado de ambas
casas, Andoni intentó besar a Maialen de nuevo; pero esta vez ella no estaba
por la labor, y lo apartó extendiendo los brazos. Andoni, ofendido, agachó la
cabeza y se fue sin decir ni palabra. Sin embargo Maialen soltó un “lo siento”
que dañó el corazón de Andoni.
Después de
otros tres años, Andoni, aceptó que Maialen no era suya. La logró olvidar. Le
costó muchos años, de terapia, de ayuda, de esperar a que ella llamara a su
puerta. Después de aquello, Andoni se hizo un nuevo tatuaje, unas iniciales:
M.E en el pecho, rodeado de fuego, y escritas en una especie de pergamino que
parecía quemarse, sobre todo el pectoral del muchacho.
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