En mi colegio pasé
nueve años y un día.
Y enseguida observé,
que algunos se dormían.
El profesor explicaba
y nadie le escuchaba,
pocos le comprendían.
Olvidaban que él,
era el que mandaba
y a veces castigaba.
El profesor se resignaba,
agachaba la cabeza,
controlar la clase no podía
y de explicar nunca acababa.
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