El reloj marcaba las cinco de la madrugada. Maialen resoplaba con el
único aire que quedaba en sus pulmones. Su pierna parecía quebrarse muy
lentamente. Y su cerebro empezaba a dormirse muy lentamente. Pero Maialen no se
rendía fácilmente, y ella misma recordaba momentos para que su cerebro no
muriera antes de lo previsto. Agarraba con fuerza el reposabrazos, como si
fuera su propia vida; y con la otra mano se rascaba la oreja y se colocada la
manta. Sus ojos se movían rápidamente, parecía buscar algo, de repente su
mirada se clavó en una noticia de periódico que había encima de la chimenea. La
observó durante un rato, sin apartar la vista de ese pedazo de papel
desgastado. Sus párpados se movían una y otra vez, para humedecer sus ojos
marcados por marcas de la vejez. Sus pupilas se marcaban de palabras, palabras
que la hacían remover su juventud. Palabras como: guateque. Recordaba cuando
iba a esos guateques que formaban sus vecinos en la plaza del pueblo. Bailaban
hasta las doce, y luego se iban a cenar todos juntos al mejor restaurante de
toda la ciudad. Aquella noticia la llevaba hasta sus años de juventud, donde
todo la importaba poco, donde jamás iba a volver. Esa noticia narraba prácticamente
esa época de su vida, por eso precisamente la guardaba; era la única noticia,
el único recuerdo, de aquella época después de que aquella inundación machacara
viejos recuerdos. Otros, guardados en el entresuelo por falta de espacio
quedaron intactos, pero otros agonizaron lentamente hasta convertirse en
cenizas de papel entre las olas.
La noticia contaba la historia de un pueblo unido por las fiestas del
mismo. Contaba cómo se iban a vivir las fiestas del pueblo en 1958; qué
actividades habría y cómo se parecían a las del año anterior. Para Maialen era
muy importante ese recorte de periódico, lo cuidaba bastante; pero con tanta
mudanza se había desgastado, y cada vez estaba más roto. En la foto que
acompañaba la noticia, se mostraba una Maialen joven, espléndida, sin una
arruga, y muy bien vestida. Esa foto era otro de los motivos por el cual ese
recorte de papel permanecía aún en manos de Maialen. Salía junto a su entonces
novio, Gaskon, un chico simpático y extrovertido. La foto tenía en primer plano
a la pareja, sonriente, y muy simpáticos con la cámara, uno junto a otro; y de
fondo una caseta de las ferias del pueblo muy decorada. A su madre no la gustó
nada aquella foto, ella no sabía que Maialen tenía novio, y se enfadó bastante.
Pero ahí estaba Rocío para animarla como siempre; la reconfortó y la dijo que
no se preocupara que siguiera con Gaskon. En el fondo de la foto también se veía
a Ayala, una de las amigas de Maialen, salía también con su novio Kayet, pero
mucho más acaramelados que Maialen y Gaskon, salían dándose un beso, pero no se
los veía mucho; para suerte de Ayala, pues su madre tampoco sabía lo de Kayet y
probablemente hubiera reaccionado igual o peor que la madre de Maialen.
Además la encantaba el pie de foto: “Una
pareja feliz nos muestra que no hay edad para vivir una buena fiesta.” La
venía bien leer esa frase de vez en cuando para recordarse a sí misma, que
incluso a su edad se podía vivir un buen guateque.
Meses después de aquella foto, ambas amigas lo dejaron con sus
respectivos novios, y se fueron a vivir unos meses a Barcelona para acabar allí
los estudios y olvidar un poco el pasado. Allí, conocieron a dos chicos jóvenes,
más o menos de su edad; Hurko se convirtió en el novio de Maialen y Nikola en
el de Ayala. Tras 5 meses en Barcelona, Maialen y Ayala se mudaron de nuevo a
su pueblo vasco para trabajar allí y labrarse su futuro. Con esta nueva mudanza
también acabaron las relaciones amorosas. Lo último que Maialen sabía de Hurko
era que se había mudado a los 30 años de edad a Castellón para trabajar en una
empresa de coches. Y de Nikola, ni Ayala ni ella habían vuelto a tener noticia
desde aquel momento.
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