sábado, 12 de abril de 2014

Recuerdos en el último aliento. (Capítulo5)

Capítulo 5


El reloj marcaba las cinco de la madrugada. Maialen resoplaba con el único aire que quedaba en sus pulmones. Su pierna parecía quebrarse muy lentamente. Y su cerebro empezaba a dormirse muy lentamente. Pero Maialen no se rendía fácilmente, y ella misma recordaba momentos para que su cerebro no muriera antes de lo previsto. Agarraba con fuerza el reposabrazos, como si fuera su propia vida; y con la otra mano se rascaba la oreja y se colocada la manta. Sus ojos se movían rápidamente, parecía buscar algo, de repente su mirada se clavó en una noticia de periódico que había encima de la chimenea. La observó durante un rato, sin apartar la vista de ese pedazo de papel desgastado. Sus párpados se movían una y otra vez, para humedecer sus ojos marcados por marcas de la vejez. Sus pupilas se marcaban de palabras, palabras que la hacían remover su juventud. Palabras como: guateque. Recordaba cuando iba a esos guateques que formaban sus vecinos en la plaza del pueblo. Bailaban hasta las doce, y luego se iban a cenar todos juntos al mejor restaurante de toda la ciudad. Aquella noticia la llevaba hasta sus años de juventud, donde todo la importaba poco, donde jamás iba a volver. Esa noticia narraba prácticamente esa época de su vida, por eso precisamente la guardaba; era la única noticia, el único recuerdo, de aquella época después de que aquella inundación machacara viejos recuerdos. Otros, guardados en el entresuelo por falta de espacio quedaron intactos, pero otros agonizaron lentamente hasta convertirse en cenizas de papel entre las olas.
La noticia contaba la historia de un pueblo unido por las fiestas del mismo. Contaba cómo se iban a vivir las fiestas del pueblo en 1958; qué actividades habría y cómo se parecían a las del año anterior. Para Maialen era muy importante ese recorte de periódico, lo cuidaba bastante; pero con tanta mudanza se había desgastado, y cada vez estaba más roto. En la foto que acompañaba la noticia, se mostraba una Maialen joven, espléndida, sin una arruga, y muy bien vestida. Esa foto era otro de los motivos por el cual ese recorte de papel permanecía aún en manos de Maialen. Salía junto a su entonces novio, Gaskon, un chico simpático y extrovertido. La foto tenía en primer plano a la pareja, sonriente, y muy simpáticos con la cámara, uno junto a otro; y de fondo una caseta de las ferias del pueblo muy decorada. A su madre no la gustó nada aquella foto, ella no sabía que Maialen tenía novio, y se enfadó bastante. Pero ahí estaba Rocío para animarla como siempre; la reconfortó y la dijo que no se preocupara que siguiera con Gaskon. En el fondo de la foto también se veía a Ayala, una de las amigas de Maialen, salía también con su novio Kayet, pero mucho más acaramelados que Maialen y Gaskon, salían dándose un beso, pero no se los veía mucho; para suerte de Ayala, pues su madre tampoco sabía lo de Kayet y probablemente hubiera reaccionado igual o peor que la madre de Maialen.
Además la encantaba el pie de foto: “Una pareja feliz nos muestra que no hay edad para vivir una buena fiesta.” La venía bien leer esa frase de vez en cuando para recordarse a sí misma, que incluso a su edad se podía vivir un buen guateque.
Meses después de aquella foto, ambas amigas lo dejaron con sus respectivos novios, y se fueron a vivir unos meses a Barcelona para acabar allí los estudios y olvidar un poco el pasado. Allí, conocieron a dos chicos jóvenes, más o menos de su edad; Hurko se convirtió en el novio de Maialen y Nikola en el de Ayala. Tras 5 meses en Barcelona, Maialen y Ayala se mudaron de nuevo a su pueblo vasco para trabajar allí y labrarse su futuro. Con esta nueva mudanza también acabaron las relaciones amorosas. Lo último que Maialen sabía de Hurko era que se había mudado a los 30 años de edad a Castellón para trabajar en una empresa de coches. Y de Nikola, ni Ayala ni ella habían vuelto a tener noticia desde aquel momento.

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